Qué hacer si casi todos tus colegas de trabajo te mienten

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En una conversación de 10 minutos, el 60% de tus compañeros, incluso tus jefes, pueden mentirte hasta tres veces. Y tú a ellos… Si esto es verdad, ¿cómo se construye una relación profesional duradera?

¿Sueles aparentar lo que no eres en tu trabajo? ¿Te obsesiona parecer más interesante, eficaz y feliz que los demás? Quizá hayas descubierto en las redes sociales un aliado para extender esa leyenda falsa, tan difícil de mantener…

Si existe algún consuelo para esta realidad profesional de cartón piedra, debes saber que, según algunos estudios, no eres el único que vive en un mundo paralelo.

Una investigación de la Universidad de Massachusetts dirigida por Robert Feldman concluye que el 60% de tus compañeros te miente entre dos y tres veces en una conversación de diez minutos para parecer más atractivo o mejor profesional. Quizá tú estés mintiendo, pero también te mienten a ti. Así que debes plantearte qué se puede hacer en un escenario laboral de falta de confianza.

Brad Blanton, psiquiatra y consultor estadounidense, es autor de una encuesta que revela que el 93% de los estadounidenses miente con regularidad en su trabajo. Esto le convirtió en un apóstol de la sinceridad en la oficina.

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, coincide en que los motivos de tales falsedades son, sobre todo, «dar una imagen mejor, fingir o aparentar que sabemos más, que estamos más cerca del jefe, que tenemos más experiencia… Competimos con el resto de compañeros y queremos destacar. Quizá nos estamos jugando un bonus o una retribución variable. O simplemente estamos marcando el territorio. Y, por supuesto, ante el jefe aparentamos para que tenga mejor opinión e imagen de nosotros, sobre todo en casos de promoción o de premios».

Montse Ventosa, socia directora de Grow, explica que «el yo mismo que se presenta a los demás puede ser un self editado y empaquetado, sobre todo con las modas de la marca personal, que aumentan el riesgo de mentir». Añade que el peligro de jugar ese papel para cumplir con esa imagen ideal es que requiere de una gran energía, mientras que Peñalver advierte de que «el común denominador de todas estas falacias tiene que ver con una cierta inseguridad y un déficit de autoestima, porque quien tiene mayor autoestima, es más sincero».

Peñalver añade que a medio y largo plazo todo esto resulta perjudicial, y que «parece más rentable ser vulnerable y mostrar tus limitaciones, siendo humilde y auténtico. No aparentar lo que no eres y decir lo que piensas y lo que sientes».

El límite de esta autenticidad está en que no te conviene ser de la clase de profesionales que crean más conflictos de los que son capaces de resolver. Por eso debes evitar una sinceridad excesiva acerca de tus problemas personales, procurando que tus arranques de sinceridad estén basados en hechos, nunca en juicios o interpretaciones.

Ventosa concluye con una tipología de las mentiras en el trabajo que nunca te traerán nada bueno:

Maquillaje del ego: Se construye sobre una base de talento, como si fuera verdad. Dices que ganas más, que tienes más experiencia y que conoces a mucha gente… Es una especie de realidad aumentada artificialmente.
Silicona del ego: Decir que se tiene una carrera que no se tiene, que se ha estudiado en una universidad falsa, que se ha trabajado en algún lugar donde nunca has estado, que se piensa de una determinada manera, que has tenido una idea que no te pertenece, o que son otros los que han cometido errores.
Mentirijillas: Se usan para no ofender, para no contar todo lo que se te pide, para salir del paso evitando una potencial confrontación, para no arriesgar tu imagen personal…
Jugar con la ambigüedad, sin mojarse ni posicionarse.
Mentiras colectivas: Se acuerdan en grupo para maquillar, siliconizar o disimular una realidad que difiere de los resultados esperados o ideales. Tiene que ver con mantener el statu quo a toda costa.
Leyendas organizativas, resultado de bulos. Se generan cuando en una plantilla las personas empiezan a mentir y eso crea una competencia interna informal en la que todos pujan por ser el que más…
Vender la moto: Usar un lenguaje corporativo típico de un entorno en el que predomina el «dime de qué presumes y te diré de qué careces». Transpira artificialidad y desconfianza.

Noticias extraídas de: expansion.com